Era fin de semana y el grifo de la habitación 2 no funcionaba del todo bien. El paciente nos avisó para ver si se podía arreglar. Nosotras llamamos a los de mantenimiento. Éstos vinieron con la calma y al ver de qué se trataba dijeron que tenían que esperar al fontanero que está durante la semana. Los fines de semana no hay fontanero. Supongo que haría falta una inundación de medio hospital para que acudiera, pero por un grifo no iba a venir.
¿Qué es lo que pasaba? que era sábado a media tarde y el lunes era fiesta en Zaragoza. Así que hasta el martes no vendría el señor fontanero.
Así quedó la cosa y el paciente nos pareció que se había quedado conforme, aunque no fue así.
Sin que nosotras lo supiéramos, llamó a su mujer para que le trajera la caja de herramientas porque allí creía tener lo necesario y cuando le llevamos la medicación de la cena confesó orgulloso haber arreglado el grifo. Allí estaba su mujer y la caja de herramientas que había traído desde casa.
El hombre estaba contento, debía ser un manitas y así lo demostró, me pareció un gran gesto por su parte (y además me dijo que se había entretenido mucho y se le había pasado rápida la tarde) pero por otro lado me pareció vergonzoso que el paciente lo arreglara y no fueran los de mantenimiento (debía ser una arandela de goma estropeada o así, no era excesivamente complicado, hasta yo arreglé un grifo en mi casa!). ¿qué le íbamos a decir al señor? pues "muchas gracias, no era necesario".
No iba tan preparado pero casi casi...
El paciente tendría casi setentaytantos años y estaba en observación, no tendría por qué haberse dedicado a arreglar nada, pero bueno, así son las personas, nunca dejarán de sorprenderme.


