Cómo ya os comenté hace unas semanas, estuve haciendo un taller de escritura intensivo durante un mes. Terminé hace un par de semanas y la verdad es que el balance ha sido positivo, estoy contenta aunque me he quedado con ganas de más por supuesto, se hace corto. Quizás cuando mi bolsillo esté más recuperado me apunte a uno de tres meses.
A continuación os dejo última historia que me saqué de la manga (el que lea mi blog puede encontrar alguna similitud con mi vida real, pero es sólo eso, un parecido, lógico porque las historias surgen de diferentes fuentes y la que me pilló más cerca fue mi propia experiencia, (la de la bursitis) aunque no tiene nada que ver conmigo, el personaje es un personaje...)
BURSITIS
Anabel iba por la calle más concurrida de su barrio, se dirigía a la parada del autobús
más cercana a su casa con cara de pocos amigos. En un momento indeterminado del día anterior comenzó a notar un pinchazo muy intenso en la planta del pie derecho que fue aumentando con el paso de las horas hasta hacerse insoportable. Por eso iba caminando de esa forma tan extraña, sólo apoyando la punta del pie, medio cojeando. Al principio no le hizo caso al pinchazo, cómo a todo lo que tiene que ver con su salud, pensó que “ya se pasaría” y ni se le pasó por la cabeza acudir a un especialista. Sólo cuando el dolor le robó el aliento y no la dejaba apoyar el pie con normalidad decidió de mala gana que la viera alguien. Anabel es de esas personas que cree que si vas al médico siempre te van a encontrar algún problema.
Al llegar a la parada de autobús, divisó a una vecina de su hermana que conocía desde hacia tiempo. No tenía ganas de hablar con ella. Hacia un mes más o menos que se la encontró en el portal cuando fue a visitar a Petra, su hermana mayor. No le quedó más remedio que entablar una pequeña conversación por puro compromiso. Que si hace buen día, que si aprieta el calor, que qué tal tus hijos, y un largo etcétera. Después la vecina le propuso acudir a una reunión de tupperware que estaba organizando. Le dijo que se lo pensaría, que a lo mejor ese día tenía algo que hacer, que lo miraría, que no estaba segura. Esas reuniones no le gustan, tampoco las de las excursiones del imserso. Siempre aparece una mujer o hombre con la sonrisa forzada que se sube a una tarima y con la ayuda de un vídeo o una pizarra da una charla sobre tupperwares, colchones, cojines ergonómicos o lo que sea. Después te regalan algo, cinco litros de aceite, jamón,...pero poniéndote en el compromiso de comprar alguno de sus productos. No aguantaba esa presión. Por eso, desde aquel encuentro inesperado en cuanto la ve por la calle cambia de acera, disimula y gira la cabeza, se mete en alguna tienda si la ve girar la esquina...y claro esto se complica viviendo en el mismo barrio. Por suerte Juana, la vecina plasta, estaba buscando algo en el bolso, al otro lado de la marquesina y no vio a Anabel que se escabulló rápidamente aprovechando su despiste. En lugar de coger el autobús que la llevaría directamente a la podóloga, prefirió ir a la parada de metro más próxima, y aunque tuviera que hacer tres transbordos y tardara mucho más, valia la pena, todo con tal de no toparse con la plasta y tener que darle una respuesta.
Decidió acudir a la podóloga a la que le había llevado su madre cuando era pequeña para ponerle plantillas por tener el pie algo plano. Mejor ir a un especialista conocido que probar con otro nuevo. No había pedido hora y esperaba que la atendieran a pesar de ello. Tenía muchas ganas de llegar a la consulta, por eso caminaba deprisa con un estilo que recordaba a Chiquito de la Calzada. Cuando llegó su cara era un poema que conmovió hasta a la impertérrita secretaria. La expresión de su cara era el fiel reflejo de todo lo que había tenido que caminar para llegar hasta allí, en total había tenido que cambiar de línea de metro en tres ocasiones. Además cuando llegó al andén de la línea amarilla se encontró que había una avería en algún convoy (o al menos eso decía una voz metálica por megafonía) y al final tuvo que esperar 20 minutos. Además el metro la dejaba algo apartada de la consulta y tuvo que caminar un buen trecho. Hacia calor y estaba sofocada por el esfuerzo, caminaba con mucha dificultad. De pronto se percató de que su memoria le había jugado una mala pasada y había tomado la dirección equivocada. Cuando se dio cuenta ya había cruzado tres manzanas que tuvo que deshacer para llegar al consultorio de Lourdes Marín. Recordaba aquel nombre desde niña y no sabía porqué. Lourdes Marín, la podóloga.
Por suerte o por desgracia Lourdes la atendió enseguida y no sólo bautizó con el nombre de bursitis a su dolor sino que le encontró una ligera escoliosis, un pie cavo, la pelvis mal colocada, la rodilla izquierda ligeramente rotada hacia el interior y alguna cosa más que la volvieron a dejar con cara de pocos amigos. Encima la tal bursitis que le había amargado durante los dos últimos días era una inflamación que se marcharía con reposo, paracetamol y mucha paciencia. Lo que ella decía “ya se pasaría” y encima había acudido allí para que le encontraran más problemas, su teoría se volvía a confirmar.
Y estas son algunas de las cosas que me dijo la profesora de este último texto:
Por otro lado, y como resumen de la evolución de tus textos durante el curso, tus textos cada vez están más elaborados, más visibles y concretos (aunque ya eran bastante visibles y concretos al principio), y, lo que es más importante, con este último has conseguido que la historia comience con la primera frase, al iniciar el texto con el personaje y ponerlo en movimiento. Así que a partir de ahora tienes que trabajar en el conflicto de los personajes para conseguir, poco a poco, estas estupendas historias que se asoman a cada uno de tus textos.
(la profe me dijo que en los otros textos el conflicto, el "tema" de la historia comenzaba muy al final, cuando estaba la historia a punto de terminar...vamos que dedico mucho tiempo a los preliminares xD)
Desde mi punto de vista, el personaje de Anabel nos presenta a una persona que no solo piensa que si vas al médico siempre te van a encontrar algún problema, ese pensamiento lo aplica también para el resto de su vida. ¿Qué nos dice esto de Anabel? Que no se atreve a afrontar determinadas situaciones, podríamos decir que las evita, porque piensa que lo único que va a encontrar, o lo que le van a proporcionar esas situaciones, son problemas.
y esto también:
Muy bien, Carmen, has presentado al personaje observado como frío e indiferente al principio del texto, aunque entrañable y al que se le toma cariño, al final.
El tercer texto me salió fataaaaaaaal, y claro comparando, este era un texto más pasable jaja. Ya me diréis que os parece. O me podéis decir que este post era un tocho y habéis pasado de leerlo, no importa muajajajaja.
Bezozzzzzzz