El otro día me puse a recordar una de las primeras cenas a las que fui con mis compañeras de trabajo. Era mi segunda cena, en la primera sólo conocía a 3 personas, al estar de noches no tenía mucha relación con el resto de contratados, así que no lo pasé excesivamente bien. En cambio en la segunda que hicimos disfruté muchísimo porque éramos todas de la noche y había muy buen rollo.
La cena navideña oficial del hospital la habían puesto en un día en el que las de nuestro turno no podíamos ir porque trabajábamos. Así que nos dijimos ¿por qué no hacer nosotras una cena alternativa? y así surgió. Cenamos en un restaurante cerca del Portillo: Casa Emilio y luego nos fuimos a dar el cante a un karaoke.
Cómo os he contado antes lo pasé genial, me dolía el pecho y la garganta de tanto reírme con eso os podéis hacer una idea. Hacia tiempo que no me pasaba eso desde que había llegado a Zaragoza. Y todavía a día de hoy me siento fuera de lugar en muchos momentos, como si no fuera yo, como si estuviera viviendo una vida que no es la mía. Es difícil de explicar.
Ha llovido mucho desde entonces, ha pasado un año y una de las personas que asistió a esa cena ahora está enferma. Ojalá se recupere pronto porque aunque parezca raro he cogido cariño a muchas de ellas, se portaron muy bien conmigo al comienzo, recién salida de la carrera y de verdad lo deseo con todo mi corazón.
Hoy estoy un poco sensiblona, ains...


